TATA LEOCADIO Y AMARU (ENSAYO Y NARRATIVA - JMA)

 

TATA LEOCADIO Y AMARU

(Cuento popular)

Había una vez un pueblo llamado Sicta pampa, en el que su gente se llevaba bien todos por igual, compartían sus costumbres, tradiciones, creencias con mucha fe y alegría. Así mismo adoraban a sus Apus, a la Santa Tierra pacha mama, participaban en rituales y obsequiaban ofrendas de los productos más ricos y gustosos para la tierra; ellos realizaban las ofrendas para que les vaya bien en la agricultura, ganadería y salud.

 En este pueblo se convivían con mucha amistad y confianza entre ellos, se vestían con hermosos trajes de adornos multicolores, las mujeres tenían hermosas polleras; tejían los ponchos más bellos para sus hijos e hijas, así protegerlos de las intensas heladas y fríos.

Los hombres del pueblo tenían unos hermosos chullos y chuspas bordados con lanas de colores que ellos mismos elaboraban y tejían, ya que la Pacha mama les ofrecía todo, animales como las vacas, vicuñas, llamas, alpacas, ovejas de las cuales utilizaban su lana.

 Pero en el pueblo no solo había gente buena, tenían su lado oscuro cada vez que las mujeres iban a lavar la ropa al rio siempre desaparecía una de ellas, de la diez que iban no regresaba una.

 Los hombres del pueblo se desesperaban y no querían que sus esposas e hijas salieran a lavar la ropa porque pensaban que se desaparecerían. Uno de los hombres del pueblo de nombre Leocadio que de cariño le decían Tata Leocadio quien había perdido a su esposa doña Isabel; entonces tata Leocadio todos los años por la noche iba directo al rio a llorar por su esposa dejando a su hijo dormido.

 Salía de casa a las ocho de la noche y regresaba a las cinco de la mañana, los hombres del pueblo decían que él se comunicaba con su esposa mediante el agua, pero nadie sabía cuál era la verdadera razón de por qué desaparecía tanto tiempo y que hacía toda la noche no sabían si comía, bebía y si su hijo se preocupaba por él.

Tata Leocadio tenía un hijo de seis años a quien dejaba en su casa diariamente y le decía que no tenía que salir para nada no importa lo que le pase que volvería con su madre.

 El niño lo esperaba feliz y acongojado horas y horas, pero al verlo regresar sin su madre se sentiría con mucha pena, la gente del pueblo empezaba a decir que Tata Leocadio tenía a su hijo sin comer ni beber encerrado en su casa, pero lo que no sabían que Tata Leocadio dejaba a su hijo con los alimentos más nutritivos y preparados con una sola recomendación de que no abriera la puerta a ninguna persona, la gente intentaba acercarse a la casa para saber si tenía alimentos y bebida, el niño Amaru respondía que sí.

Un día una mujer llegó al pueblo cuando la gente se acercó a saludarla, ella no decía nada, las mujeres del pueblo intentaron ofrecerle alimentos y preguntarle el porqué de su llegada, pero no obtuvieron respuesta, la mujer al sentirse en confianza preguntó por su niño huérfano que quería conocer y una de las mujeres le señaló la casa de Tata Leocadio, aun mas intrigada quedaron las mujeres; la mujer se retiró dirigiéndose a la casa de Tata Leocadio.

 Ella tocó la puerta y dijo:

-       Por favor déjenme entrar porque no tengo donde dormir solo por esta noche.

-       El niño sintió cierta confianza y abrió la puerta, era el pequeño de nombre Amaru le dijo:

-       ¿Tienes hambre?, ¿tienes frio? ¿tienes sed? A lo cual la mujer respondió muy dulcemente no tener hambre, pero si tengo frio, le agradezco mucho eres buen niño.

 El niño había olvidado por un momento las recomendaciones de su padre no abrir la puerta a nadie, debido a que la mujer le inspiro mucha confianza. El niño curioso pegunto su nombre de la mujer y respondió Isabel.

El niño por su parte le dijo que esperaba a su padre antes de ofrecerle una cama y solo le prestó uno de sus cueros más finos y abrigador, ella esperó sentada la llegada de Tata Leocadio y mientras esperaban el niño se durmió

 

Isabel, al ver al niño dormido a su lado tan cansado de esperar a su padre Tata Leocadio, decidió acostarle en su cama de los cueros de oveja y ella de la misma forma se quedó profundamente dormida.

A la mañana siguiente los pobladores de Sicta pampa salieron a realizar sus qué haceres como labrar la tierra y pastar a sus animales, una mujer que era amiga de la esposa de Tata Leocadio vio salir a doña Isabela de dicha casa y tan sorprendida de haber visto a la mujer bien parecida a su amiga y exclamo: ¡es doña Isabela!, ¡es doña Isabela!

Pero los hombres no decían lo mismo y pensaban que la mujer estaba loca para compararla con doña Isabela; la mujer tan desconcertada decidió volver a su casa.

Detrás de Isabela salió el Amaru el hijo del Tata Leocadio quienes sintieron que nunca habían visto el pueblo tan diferente. Isabela pregunto a Amaru si quería peine su cabello tenía muy crecido; a lo cual el niño aceptó, y era Amaru ahora miraba sonriendo a su madre Isabela y le dijo que quería jugar con ella, Isabela dijo que sí y empezó a hacerle cosquillas y Amaru estaba feliz.

Isabela preparo el almuerzo con Amaru mientras conversaba que las cosas que estaba realizando con él, lo hacía su madre. Entonces de pronto apareció Tata Leocadio quien se quedó sorprendido de ver a una mujer extraña en su casa a doña isabela por su parte se paraba en silencio mirando fijamente a Tata Leocadio y le dice: no te acuerdas de mí, no sabes quién soy y el Tata Leocadio muy confundido no sabe que decir, entonces Isabela empieza a recordarle los momentos vividos desde que se conocieron y por otro lado el niño Amaru quedo sorprendido, alegre y feliz al ver que su madre ya había regresado y Tata Leocadio pregunta que le sucedió y Isabela y cuenta que la Santa Tierra Pacha mama le había otorgado un poder para acercarse a su familia y que debían los pobladores prepara una ofrenda para recuperar a las mujeres y Tata Leonidas habló con los pobladores que el rio le había devuelto a su esposa un tanto diferente y les dijo: hermanos acérquense tenemos que hacer una ofrenda para recuperar a todas las mujeres.

Entonces todos los pobladores fueron a sus chacras para recoger los productos más ricos y preparar la rica chicha de jora de quinua y cebada, y le dijeron a la Pachamama que estaban agradecidos por todos los favores otorgados y de haberle devuelto al Tata Leocadio.

De pronto el Apu más grande grito: ¡Pacha! ¡Pacha sal! Y ayuda a este pueblo.

Y la Pachamama salió convertida en un venado y de sus manchas salieron todas las mujeres perdidas y luego la Pachamama se convirtió en una hermosa lechuza y se fue volando.

El pueblo entero se puso feliz del glorioso retorno de las mujeres y quienes contaron que la Pachamama se las llevaba al fondo del rio por el mal comportamiento de algunos hombres, que no rendían culto con todo su corazón y desde entonces los habitantes de ese pueblo danzaban felices a las orillas del rio adorando a los venados y a la lechuza.

 

Autor: Leonidas de Amat

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